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Hacer el bien nos sienta bien



¿Por qué decidí servir y ser parte del voluntariado?

Hay decisiones que tomamos después de pensarlas mucho y otras que simplemente empiezan a tener sentido mientras las vivimos. Para mí, acercarme al voluntariado y formar parte del Club de Leones tiene que ver con algo aparentemente sencillo: sentirme útil para alguien más.
Voluntariado

Como psicóloga, gran parte de mi trabajo consiste en escuchar. Escuchar historias, preocupaciones, pérdidas, miedos, cambios y esos momentos en los que alguien intenta encontrar una manera diferente de continuar. Pero con el tiempo entendí que ayudar no ocurre solamente dentro de una consulta. También sucede afuera. Sucede cuando alguien necesita compañía, cuando una comunidad se organiza, cuando una persona comparte lo que sabe.
Cuando ofrecemos nuestro tiempo sin preguntarnos primero qué vamos a recibir a cambio. Y fue ahí donde el voluntariado comenzó a tener otro significado para mí.

Servir no siempre significa hacer cosas extraordinarias a veces pensamos que para cambiar algo necesitamos realizar grandes acciones. Yo he aprendido que no necesariamente. En muchas ocasiones, servir consiste simplemente en estar disponible,
en escuchar, orientar, compartir conocimientos o también en organizar una actividad.
Preguntar: “¿En qué puedo ayudar?”, o dedicar unas horas de nuestra vida para que alguien que probablemente nunca hubiéramos conocido tenga acceso a algo que necesita. Puede parecer pequeño, pero para la persona que lo recibe, quizá no lo sea.
Y curiosamente, para quien ayuda tampoco.

Definitivamente algo ocurre cuando dejamos de pensar solamente en nosotro. Al final todos tenemos problemas, tenemos pendientes, preocupaciones, cansancio, pérdidas, frustraciones y días en los que nuestra mente parece tener abiertas veinte pestañas al mismo tiempo… y ninguna quiere cerrarse. Pero he descubierto algo interesante, cuando ayudamos, por un momento nuestra mirada cambia de dirección.
Dejamos de preguntarnos únicamente, “¿Qué me está pasando?” y comenzamos a preguntarnos “¿Qué puedo aportar?”

El problema propio no desaparece. Pero dejamos de ser solamente alguien que tiene problemas y recordamos que también somos alguien que tiene algo para ofrecer.
Y esa diferencia puede ser enorme, tal vez por eso servir también nos hace bien.

Después, desde mi formación como psicóloga, encontré algo que me pareció especialmente interesante. La investigación sobre el voluntariado lleva años observando que participar en actividades de servicio puede relacionarse con bienestar, conexión social, satisfacción con la vida y sentido de propósito. Esto tiene lógica.
Cuando servimos, nos relacionamos.
Cuando nos relacionamos, pertenecemos.
Cuando pertenecemos, dejamos de sentirnos tan aislados.
Y cuando descubrimos que podemos contribuir en la vida de alguien más, aparece algo que a veces perdemos entre tantas obligaciones, el sentido.
No significa que el voluntariado sea una terapia ni que ayudar a los demás vaya a resolver nuestros problemas emocionales. Significa que nuestra salud mental también se alimenta de vínculos, propósito, participación y comunidad.

Hay algo que para mí es muy importante aclarar como psicóloga, servir no significa olvidarnos de nosotros mismos. Existe una enorme diferencia entre el “Quiero ayudarte”
y “Tengo que salvarte.”
Ayudar desde la culpa, sentir que somos responsables de resolver la vida de los demás o creer que nuestro valor depende de cuánto hacemos por otros puede terminar desgastándonos.
La bondad saludable también sabe decir “Hoy no puedo.”
El servicio que hace bien es aquel en el que puedo darte algo de mí sin desaparecer yo en el intento.

¿Por qué decidí formar parte del Club de Leones?
Porque encontré un espacio donde una palabra que para mí tiene mucho significado se convierte en acción, el "servicio". Y porque creo que la salud mental tampoco debería quedarse solamente dentro de los consultorios. También necesitamos hablar de ella en nuestras comunidades, acercar información, prevenir, escuchar y sobre todo normalizar pedir ayuda. Además de construir espacios donde hablar de emociones no sea motivo de vergüenza.

Como psicóloga puedo aportar desde mi profesión. Como voluntaria puedo aportar desde mi tiempo y como persona, desde algo todavía más sencillo, mi disposición para ayudar, porque al final, todos tenemos algo que ofrecer
No se requiere ser psicólogo, ni médico, ni pertenecer a una organización.
Quizá sabes enseñar, cocinar, organizar, escuchar, acompañar, reparar algo, conseguir recursos, etc. O simplemente hacer sentir a otra persona que durante un momento no está sola, eso también es servicio.

Por eso hoy, además de preguntarte cómo estás, quisiera dejarte otra pregunta:
¿Qué tienes tú que podría hacer un poquito mejor la vida de alguien más?
Tal vez la respuesta sea mucho más sencilla de lo que imaginas.
Yo decidí comenzar desde lo que sé hacer y en ese camino estoy descubriendo algo que ahora entiendo mucho mejor: servir es dar, pero también es encontrarnos.
Nos conecta con otras personas, con nuestras comunidades y, algunas veces, nuevamente con nosotros mismos.
Quizá por eso la bondad tiene esa peculiaridad. Uno comienza queriendo hacer algo bueno por alguien más y al final termina llevándose también un poquito de bienestar a casa.


Sara Vega Ramírez
Psicóloga Clínica y de la Salud
SVR Psicología
Lectura inspirada en “La ciencia del voluntariado”, publicada por LION Magazine, y en investigación sobre voluntariado, conducta prosocial y bienestar psicológico.

 
 
 

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